“Tienes todo lo que necesitas para una completa paz y felicidad ahora mismo.” .-Wayne Dyer
 

Hace unos días estaba conversando con una amiga con la que hace años compartimos experiencias. Estábamos tratando un tema delicado, y poco a poco la conversación fue subiendo de tono hasta el momento en el que mi amiga puso sus brazos en forma de jarra expresando su consternación mientras me decía: “Mira Ana, te voy a poner los puntos sobre las íes”

Sorprendida por su reacción, me di cuenta que requería de toda mi atención para evitar que la conversación derivara en un conflicto mayor.

Te explicaré cómo mi sabiduría interior me fue guiando paso a paso para salir airosa de una situación, que en tiempos pasados habría dejado que estallara la tercera guerra mundial.

¿Qué significa esta expresión?

No sé si es una expresión que se utiliza en otros países de habla hispana, pero en mi país, cuando alguien te dice “te voy a poner los puntos sobre las íes”, sabes que “la cosa se puso color de hormiga” y se avecina una tormenta.

En un momento dado de la conversación, me encontré fascinada por la posibilidad de observar los toros desde la barrera, y reflexionar sobre lo que mi amiga quería expresarme en ese momento.

Confieso que con “mi antigua Yo”, no hacía falta mucho esfuerzo para iniciar un conflicto que en muchas ocasiones, daba por terminada la relación. Está bien, lo confieso, era bien conflictiva y confieso también que en varias ocasiones era yo la que iniciaba ese “te voy a poner los puntos sobre las íes”, con la intención de imponer mi opinión en una conversación. ¿Imponer mi opinión?

Vaya, me quedo reflexionando sobre esto mientras escribo estas líneas disfrutando de un delicioso café, y me surge la siguiente pregunta: ¿Quieres tener razón ó ser feliz?

 
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Te cuento que “mi antigua yo”, andaba caminando por las calles buscando tener la razón, en todo y con todos. Tenía muy pocas herramientas de escucha, y en últimas, disimulaba escucharte para después lanzarte mi más apoteósico argumento hasta que lograba ese dulce manantial de las palabras de mi interlocutor: “Sí Ana, tienes razón”. Cuando llegaba a ese punto, me sentía como un deportista al que le entregaban la medalla de oro.

Para mi, conversar era un asunto de lucha de poderes. De quién de los dos, en medio del tire y afloje, logra por fin hallarle la razón al otro.

Me apasionaba tanto el tema de la comunicación, que incluso durante años, me dediqué a estudiar sobre el manejo de conflictos, argumentación, y estrategias comunicativas para lograr que tu “oponente” se rinda y te dé el primer lugar.

 

Y aquí viene la segunda parte de mi pregunta: ¿Era feliz?. Nop. En absoluto. ¿Lograba que me dieran la razón?. A veces si otras tantas no, pero el precio que pagaba era muy alto: Perder una relación. ¿A quién de manera sostenida le gustaría relacionarse con una persona a la que sólo le gustan los conflictos?.

 

Resultado: muchos años de soledad “creyendo” que el mundo estaba en contra mía y que era “una incomprendida de la vida”. ¡Qué pretensiosa!, ¿verdad?. Ana el centro del universo en su versión más egotista.

Los años, y las experiencias desagradables me fueron enseñando una mejor manera de relacionarme con los demás; una manera más funcional y más amorosa de construir relaciones a largo plazo.

Mi proceso de metamorfosis al interior de la crisálida de esta linda mariposa que soy hoy, comenzó por un momento en especial en mi vida, en el que entré en una depresión profunda en donde “terminar con todo”, era la opción más tentadora..

Fue un huracán de emociones que revolcó toda mi esencia, y me dejó internada en una clínica psiquiátrica diagnosticada con “trastorno bipolar”.

¡Wow!, se me hiela la sangre recordando ese momento de mi vida.

Estuve internada durante una semana, y no sé si fue el psiquiatra, las enfermeras o el verme yo misma en ese ambiente y pensar que había terminado como mi mamá, pero algo hizo “clic” en mi: Al verme allí grité con todas las fuerzas de mi ser: ¡Me niego a vivir esta vida! ¡Me niego a terminar como mi mamá!.

Y a partir de ese momento empecé a descubrir que podía sentir amor por mi misma, vivir en paz interior y ser feliz. Ser feliz, ¿te imaginas?. Ana viviendo feliz, ¡después de todos esos años en caos emocional!

Me enamoré del yoga y su filosofía, me enamoré de las prácticas espirituales de meditación, me dediqué a leer todo aquello que me inspirara a ahondar más en ese universo interior que tantos años había abandonado buscando fuera la felicidad: en una relación, en un trabajo, en una adquisición material, en que me dieran la razón... Con esa sensación de vacío que te deja el estar corriendo en una rueda de hámster tratando de alcanzar algo que nunca estuvo fuera de mi.

 

Gracias al yoga y a las prácticas meditativas aprendí el poder del ahora; abrazar cada instante que me regala la vida en su total magnificencia. En mi búsqueda espiritual llegué al coaching de transformación, a los 3 Principios. Y todas las piezas que creía rotas dentro de mi comenzaron a fusionarse en un estallido de bienestar que habita en mi alma desde entonces.

 

Ahora en cada situación que se me presenta en la vida me pregunto: ¿Es mi mente egotista hablando o son las palabras de mi verdadera esencia?

Poco a poco esta mariposa salió de su crisálida, y vuela alto, disfrutando el aroma de las flores, sintiendo la brisa del aire en cada poro de su piel, aleteando feliz mientras vive en plenitud.

Ahora disfruto plenamente mis conversaciones con los demás. Pues esta mariposa, ya no busca que le den la razón. En cada conversación, abro mi corazón y mi mente, y me dejo llevar por el viento, sintiendo las vibraciones de los tonos de la voz de mi interlocutor.

Comprendí, que cada ser humano tiene algo que enseñarme si estoy abierta en verdad a escucharlo activamente; sin juicios, sin etiquetas, sin expectativas.

Ahora mis relaciones son amorosas, constructivas y enriquecedoras. Entendí que:

La felicidad no es un lugar al que llegar... es un estado en el cual puedo vivir.

 
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Este artículo ha sido escrito por Ana María Silva.

Ana es de profesión psicóloga, apasionada por el talento humano y una enamorada de la gente. Es creativa, y sus obras van pasado de lo literario, al diseño, al contenido. Ana combina el fondo (el mensaje que quiere transmitir) con la forma (la belleza del color, haciendo juego con la imagen, bañada de palabras que con su tipografía hacen del conjunto una verdadera obra de arte.

Ana te invita a compartir un café con ella con una interesante y transformadora conversación en: https://www.facebook.com/uncafeconana

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