Si a cada uno de los "personajes" que hablan de los Tres Principios le adjudicáramos el personaje de un cuento, yo no tengo muy claro quién sería, pero de lo que no me cabe la menor duda es de que Marina Galán sería Scherezade, la de Las Mil y Una Noches.Lo que no deja de ser curioso, porque Scherezade, dentro de ese libro maravilloso, se dedica precisamente a contar cuentos. Y lo hace de una manera tan cautivadora que el temible sultán que amenaza con degollarla, como ha hecho antes con todas las esposas que la precedieron, es incapaz de decidirse nunca a acabar con ella. No por un elemental atisbo de humanidad sino porque, si lo hiciera, ya no podría volver a oírla.

 

Algo así pasa con Marina. El tiempo se detiene escuchándola y se olvida uno de la gente que quiere matar metafóricamente (o no tan metafóricamente).

De todos modos, el secreto de Scherezade no está en la historia que cuenta, sino en desde dónde nos la cuenta. Está en el ser que se comunica a través de los ojos, la sonrisa, las manos, los silencios; todo ese conjunto de expresiones que somos. Eso es lo que hace que resuenen con nosotros sus historias.

 
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El lugar desde donde habla es eso que llamamos el momento, el momento presente. Un lugar lleno de serenidad aunque a veces contenga dolor también. Un lugar de aceptación. Es precisamente en ese lugar donde no hace falta explicar lo que es Mente porque estamos encarnándola de una manera más visible que nunca y el monigote del ego se queda en un rincón, como una marioneta con las cuerdas rotas; hasta que vuelve a cobrar vida. Que de eso no se libra nadie, claro. Ni los personajes de los cuentos.

 

 

Un abrazo enorme, Marina, y muchísimas gracias. Deseando escuchar el próximo cuento... 

 

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